Tiflis
თბილისი
Capital de Georgia encajada entre colinas a orillas del Mtkvari, donde balcones de madera tallada, baños de azufre y bloques soviéticos conviven sin pedir permiso.
Descripción
Lo primero que llega al bajar hacia el casco viejo de Tiflis es el olor: un punto sulfuroso que sube de los baños de Abanotubani y se mezcla con el humo de los hornos de pan. La ciudad está metida entre colinas, partida por el río Mtkvari, y desde casi cualquier esquina se ve alguna cuesta o un balcón de madera tallada a punto de venirse abajo. Los barrios históricos de Kala y Abanotubani tienen esa textura de ciudad que se fue construyendo sin plan claro: casas de distintas épocas empujándose unas contra otras.
Es una capital desordenada, en el buen sentido. En la misma calle puedes pasar de una casa señorial art nouveau con la fachada descascarillada a un bloque soviético gris, y de ahí a un patio interior compartido donde tienden la ropa entre parras. El tráfico es ruidoso, los conductores no respetan demasiado los pasos de peatones y la acera está rota más veces de las que debería. El metro funciona bien y cuesta 1 lari por trayecto.
A media tarde, los bares de la calle Erekle II se llenan de gente bebiendo vino ámbar en jarra, y por la avenida Rustaveli pasa el goteo de oficinistas, estudiantes y abuelas con bolsas del mercado. La escena gastronómica ha crecido mucho en la última década; hay desde restaurantes de alta cocina georgiana hasta cantinas de barrio donde por 8 lari sale una comida completa.
Historia
Cuenta la leyenda que el rey Vajtang Gorgasali fundó la ciudad en el siglo V tras descubrir aguas termales mientras cazaba; de ahí el nombre, que viene de tbili, 'cálido'. Durante siglos Tiflis fue cruce de rutas entre Persia, el mundo turco y el Cáucaso, y eso se nota: hay mezquita, sinagoga, iglesia armenia y catedrales ortodoxas a pocos minutos andando unas de otras. Pasó por manos árabes, mongolas, persas y rusas antes de convertirse en capital de la Georgia independiente en 1991.
Qué ver y hacer
- Abanotubani y los baños de azufre El barrio de las cúpulas de ladrillo con ventanas de ojo de buey. Por unos 50-80 lari se puede alquilar una sala privada y dejarse exfoliar por un mekise.
- Fortaleza de Narikala Se sube en teleférico desde el parque Rike (3 lari). Arriba está la estatua de la madre Kartlis Deda con espada y copa, símbolo de la ciudad.
- Casco viejo de Kala Las calles en pendiente con balcones de madera tallada, patios interiores abiertos y la mezquita de Orbeliani con sus azulejos turquesa.
- Avenida Rustaveli El eje del Tiflis del XIX: ópera, museo nacional, parlamento y cafés con terrazas amplias.
- Mercado del Puente Seco Mesas con medallas soviéticas, vajilla georgiana, libros de segunda mano y alguna joya inesperada los fines de semana.
Cómo llegar
El aeropuerto Shota Rustaveli queda a 17 km al este. El autobús 337 llega a Avlabari en unos 50 minutos por 1 lari (necesita tarjeta Metromoney). Un Bolt al casco viejo cuesta 20-30 lari. El metro tiene dos líneas y cubre los barrios principales. Desde Tiflis salen marshrutkas a Mtskheta, Kazbegi, Batumi, Kutaisi y Telavi desde las estaciones de Didube y Ortachala.
Mejor época para visitar
De mediados de mayo a finales de junio las colinas siguen verdes y las terrazas funcionan sin agobio. Septiembre y octubre traen luz dorada y temperaturas de 18 a 25 grados. Julio y agosto son calurosos, con máximas de 35; el centro se llena de turistas. El invierno baja a cero, llueve con frecuencia y muchas terrazas cierran, pero los baños de azufre cobran sentido y los precios son notablemente más bajos.