Mardakán
Mərdəkan qalaları
Dos torres medievales del siglo XIV vigilan la península de Absheron a 30 km de Bakú, entre villas de verano y jardines de granados.
Ubicación en el Cáucaso
Descripción
Mardakán es una localidad en la península de Absheron, a unos 30 kilómetros al noreste de Bakú, en el tramo de costa donde la élite azerbaiyana empezó a construir residencias de verano desde el siglo XIX. Llegar aquí en el tren suburbano ya dice algo del carácter del lugar: pasas de los bloques de la capital a un paisaje semiurbano de chalés con jardines de pinos y granados, con el olor a tierra seca y mar que define toda la Absheron.
Lo que justifica la visita son las dos fortalezas medievales de Mardakán: una torre redonda y una torre cuadrada, construidas con la misma piedra calcárea beige que caracteriza la arquitectura histórica de la península. La torre redonda tiene cuatro plantas y se conserva en buen estado; el interior se puede visitar por escaleras estrechas y sin barandilla que llevan hasta una terraza desde la que se divisa el mar Caspio y los tejados de las villas de alrededor. La torre cuadrada, a unos 500 metros, está más deteriorada pero sus restos siguen en pie. Ambas conservan fragmentos de las murallas que las rodeaban.
A pocos kilómetros están el templo de fuego Ateshgah y el Parque Nacional de Absheron, lo que permite organizar toda la excursión por la península en un solo día desde Bakú. El jardín botánico de Mardakán añade una parada tranquila y sin turistas al recorrido.
Historia
Las fortalezas de Mardakán fueron levantadas en el siglo XIV como parte del sistema defensivo del Şirvanşahlar —el Sultanato de Shirvan— para controlar el litoral del mar Caspio. La torre redonda se atribuye al arquitecto Mahmud ibn Saad, que también dejó huella en otros edificios medievales de la región. La península de Absheron fue durante siglos zona de paso y vigilancia entre los imperios que competían por el Caspio, lo que explica la densidad de torres repartidas por sus extremos. A partir del siglo XIX, con el auge petrolero de Bakú, la élite local transformó estos mismos campos áridos en un destino de veraneo, convirtiendo Mardakán en un lugar donde coexisten la piedra medieval y los chalés bey de principios del siglo XX.
Qué ver y hacer
- Torre redonda de Mardakán La mejor conservada de las dos fortalezas, con cuatro plantas de piedra calcárea. Se puede subir al interior por escaleras estrechas hasta la terraza, desde donde se ve el mar Caspio y los jardines de la zona. La entrada es muy económica y el lugar suele estar casi vacío.
- Torre cuadrada de Mardakán A unos 500 metros de la redonda, más deteriorada pero con carácter propio. Los restos de las murallas circundantes son visibles y dan una idea de la escala original del conjunto defensivo.
- Jardín botánico de Mardakán Creado en época soviética, recoge flora de la Absheron y algunas especies exóticas. Es tranquilo, poco turístico y agradable para pasear después de las torres.
- Villas históricas Por los alrededores de Mardakán sobreviven varios chalés del siglo XIX y principios del XX construidos por comerciantes petroleros, con fachadas de arquitectura ecléctica que mezclan influencias rusas y orientales.
- Templo de fuego Ateshgah A unos 5 km de Mardakán, este templo zoroástrico del siglo XVII es la parada natural que completa la excursión por la península de Absheron.
Galería de fotos
Cómo llegar
Desde Bakú, lo más práctico es combinar metro y tren suburbano: metro hasta la estación Koroglu y desde allí el tren de cercanías hasta la parada de Mardakán (unos 40-50 minutos en total). También hay marshrutka desde Koroglu. En taxi o coche propio desde el centro de Bakú son unos 30-40 minutos por la autopista de Absheron. La visita se puede encadenar en el mismo día con el templo de Ateshgah (5 km) y el Parque Nacional de Absheron.
Mejor época para visitar
La península de Absheron se puede visitar todo el año. Abril, mayo y los meses de septiembre y octubre son los más cómodos para recorrer Mardakán a pie: temperaturas suaves y algo más de verde en el jardín botánico. El verano es caluroso y árido, con 35-40 °C y viento seco; conviene madrugar. El invierno es frío pero habitualmente soleado, con temperaturas raramente bajo cero.