Capital de Armenia en toba volcánica rosada, con el Ararat al fondo y la vida urbana girando en torno a la plaza de la República.

Ubicación en el Cáucaso

Descripción

Ereván tiene un color que no se ve en muchas ciudades: el rosa anaranjado de la toba volcánica con la que están construidos sus edificios más representativos. A mediodía, cuando el sol cae de frente sobre la avenida Mashtots o la plaza de la República, la piedra brilla de una manera casi irreal. Al fondo, cuando el cielo está limpio —lo que en verano ocurre menos de lo que uno espera—, el Ararat aparece enorme y nevado, perteneciendo a otro país aunque parezca que está a la vuelta de la esquina.

Vista panorámica de Ereván con el monte Ararat al fondo
Ereván y el Ararat en un día despejado de primavera.

La ciudad es compacta para ser una capital: el centro histórico cabe en una caminata de dos horas, y los barrios de Kentron y Arabkir concentran la mayor parte de la vida social. La calle Abovyan tiene cafeterías abiertas hasta la madrugada; en el mercado de Vernissage los domingos conviven vendedores de alfombras, khachkars de segunda mano, monedas soviéticas y turistas con el móvil en la mano. El tráfico en hora punta es denso y los conductores tienen sus propias reglas no escritas en los cruces.

La gastronomía sorprende por su variedad: el khorovats —barbacoa armenia— huele a carbón desde los restaurantes con terraza de Northern Avenue, y el brandy armenio aparece en casi cualquier carta. Los precios son notablemente más bajos que en Tiflis.

Historia

Ereván figura entre las ciudades habitadas más antiguas del mundo: la fortaleza de Erebuni, de la que deriva el nombre actual, fue fundada hacia el siglo VIII a.C. por el reino de Urartu. A lo largo de los siglos fue sede de distintos reinos armenios y pasó por dominio persa, otomano y ruso en diferentes períodos. La ciudad moderna debe su trazado al arquitecto Alexander Tamanyan, que durante los años veinte del siglo XX diseñó el plan radial, los grandes bulevares y la vocación por la toba rosada como material constructivo preferente.

Fortaleza de Erebuni en Ereván, vestigio del reino de Urartu
Los restos de Erebuni, la ciudadela urartiana que dio nombre a la ciudad.

Qué ver y hacer

Plaza de la República de Ereván al atardecer con las fuentes danzantes
Las fuentes danzantes de la plaza de la República se iluminan cada noche.
  • Plaza de la República Centro cívico rodeado por el edificio del gobierno, el Museo Nacional de Historia y las fuentes danzantes que se encienden al caer la noche. Aquí se aprecia mejor la arquitectura de Tamanyan.
  • Complejo Cascada Escalinata monumental que sube por la ladera norte del centro. Desde lo alto hay vistas sobre los tejados de la ciudad y, si el cielo coopera, el Ararat. Las galerías interiores albergan arte contemporáneo.
  • Mercado de Vernissage Abierto viernes, sábados y domingos junto al parque de la Ciudad. Alfombras, antigüedades, obsidiana y artesanía local en un espacio caótico y animado.
  • Matenadaran Instituto-museo de manuscritos armenios iluminados con una de las colecciones más grandes del mundo en su tipo; los más antiguos datan del siglo V.
  • Fortaleza de Erebuni Restos de la ciudadela urartiana del siglo VIII a.C. en el sur de la ciudad. El pequeño museo adyacente exhibe piezas del yacimiento.

Cómo llegar

El aeropuerto internacional Zvartnots está a 12 km al oeste del centro. Un taxi al centro cuesta entre 3.000 y 4.000 drams; no hay metro hasta el aeropuerto. Desde la estación de autobuses Kilikia (este) y la terminal norte salen marshrutkas y taxis compartidos con frecuencia a Dilijan, Vanadzor, Gyumri y Goris, entre otras ciudades del país.

Mejor época para visitar

Abril y mayo son los mejores meses: temperaturas entre 15 y 25 grados, jardines en flor y el Ararat aún bien visible antes de la calima veraniega. Junio y septiembre también funcionan bien. Julio y agosto son secos y calurosos, con máximas de 35-38 grados; el mediodía en la calle se hace pesado. En enero nieva de vez en cuando y el termómetro puede bajar varios grados bajo cero, aunque la vida urbana no se detiene.

Foto: Van Mailian · Pexels License