Cementerio memorial y mirador en la colina más alta de Bakú, donde las tumbas del Enero Negro conviven con vistas abiertas al Caspio y las Torres de la Llama.

Ubicación en el Cáucaso

Descripción

Se sube por el funicular desde el bulevar marítimo —un vagón que cuesta 1 manat y tarda apenas dos minutos— y al salir arriba lo primero que cambia es el ruido: la ciudad queda abajo, amortiguada. A la izquierda arrancan las filas de lápidas de granito oscuro, casi todas con la misma fecha grabada: 20 de enero de 1990. Muchas llevan la foto ovalada del difunto, y al mirarlas uno repara en lo jóvenes que eran. El silencio pesa, roto a ratos por el viento que sube del mar.

El paseo central conduce hasta la Llama Eterna, un monumento octogonal con columnas doradas y una cúpula de cristal. La llama es grande, de verdad se nota el calor a un par de metros. Desde esa terraza Bakú se despliega entero: la bahía, el bulevar, la ciudad vieja amurallada y, girando la cabeza, las Torres de la Llama tan cerca que parece que se pueden tocar. Al atardecer la luz sobre el Caspio vira a cobrizo y las torres empiezan a encenderse con sus paneles LED.

No es un parque para selfis despreocupados. Los bakuenses lo tratan con respeto visible: parejas jóvenes dejan flores, veteranos se sientan en los bancos en silencio. Conviene venir con esa disposición, pero también quedarse después a pasear por los jardines del Parque de las Alturas, que tiene bancos a la sombra, un café con té azerbaiyano y unas escaleras infinitas para bajar andando si se prefiere al funicular.

Historia

Este terreno en la colina fue primero un cementerio musulmán tras los enfrentamientos étnicos de marzo de 1918 en Bakú. Los bolcheviques arrasaron las tumbas, instalaron una estatua de Kírov y convirtieron el lugar en parque de atracciones. En enero de 1990, cuando el ejército soviético entró en Bakú aplastando el movimiento independentista azerbaiyano —lo que se conoce como Enero Negro—, murieron más de ciento treinta civiles en una sola noche. Se desmanteló el parque soviético y el cerro volvió a ser lo que había sido: un lugar de entierro. Después se añadieron las tumbas de los caídos en la guerra de Nagorno-Karabaj. Se calcula que hoy hay unas quince mil personas enterradas aquí.

Qué ver y hacer

  • Monumento de la Llama Eterna Al final de la avenida central, sobre una estrella de ocho puntas. La llama es potente; de noche ilumina toda la explanada y los destellos se reflejan en la cúpula dorada.
  • Tumbas del Enero Negro Las primeras filas al entrar. La tumba de Fariza e Ilham Allahverdiyev, la pareja que murió la misma noche —él tiroteado, ella suicidada al saberlo—, se ha convertido en un símbolo de fidelidad para los jóvenes de Bakú.
  • Memorial de los Mártires Turcos Un bloque hexagonal de granito rojo con medias lunas de mármol blanco, dedicado a los más de mil soldados otomanos muertos en la Batalla de Bakú de 1918. Al lado está la Mezquita de los Mártires, cerrada al culto desde 2009.
  • Mirador del Parque de las Alturas Si al acabar el callejón se gira a la izquierda, se llega a la terraza panorámica. Desde allí se ve el bulevar completo, la Ciudad Vieja y la bahía hasta donde la bruma lo permita.
  • Pequeño memorial británico Un muro discreto que recuerda a los soldados británicos caídos en el mismo conflicto de 1918, fácil de pasar de largo si no se busca.

Cómo llegar

La estación inferior del funicular está junto al Museo de la Alfombra, en el bulevar marítimo. El trayecto cuesta 1 manat y dura unos dos minutos. También se puede subir a pie desde la estación de metro Içərişəhər por unas escaleras largas y empinadas —buen ejercicio, pero duro en verano—. Los autobuses 18 y 39 paran cerca de la entrada superior, junto al edificio del Parlamento. El acceso al memorial y al parque es libre las 24 horas.

Mejor época para visitar

La primavera (abril-junio) y el otoño (septiembre-octubre) son las mejores épocas: temperaturas entre 18 y 26 grados y buena visibilidad sobre la bahía. En julio y agosto el calor aprieta por encima de 35 grados y la colina no tiene mucha sombra, así que conviene subir a primera hora o al atardecer. El invierno es suave para ser el Cáucaso —rara vez baja de cero—, pero el viento del Caspio corta y los días son cortos. Para ver las Torres de la Llama iluminadas, cualquier noche despejada sirve.

Más información