Barrio termal del casco viejo de Tiflis con cúpulas de ladrillo, manantiales sulfurosos y masaje tradicional georgiano en sala privada.

Ubicación en el Cáucaso

Descripción

Al bajar hacia Abanotubani desde el casco viejo de Tiflis, el olor llega antes que la vista: un punto sulfuroso que flota en el aire húmedo y se intensifica al acercarse a las cúpulas de ladrillo rojizo que sobresalen del suelo como jorobas. El barrio está encajado entre la roca del monte Mtatsminda y el río Mtkvari, en una hondonada donde los manantiales termales brotan de forma natural a entre 25 y 46 grados centígrados.

Los baños de Abanotubani funcionan en salas privadas que se alquilan por horas, con precios que oscilan entre 50 y 150 lari (entre 17 y 52 EUR aproximadamente) según el establecimiento y el horario. El ritual incluye un masaje de exfoliación a cargo de un mekise, el bañero tradicional que trabaja con guante de kese —una especie de manopla de fibra vegetal— y jabón de arcilla. El agua tiene un olor inconfundible que no desaparece del todo de la ropa, así que conviene llevar ropa vieja o aprovechar las toallas y batas que algunos locales ofrecen en alquiler. Los baños más conocidos son los Orbeliani, con fachada de azulejos turquesa y vidrieras de colores de influencia persa, y los Chreli-Ubani, más austeros en la fachada pero con buena reputación entre los locales por la concentración de azufre.

Fuera de los baños, Abanotubani tiene calles en cuesta con casas antiguas de balcones de madera y algún café sencillo. A última hora de la tarde los turistas se mezclan con vecinos que llevan décadas usando las mismas instalaciones. La atmósfera de vapor, piedra vieja y el murmullo del agua tiene un peso propio que cuesta describir desde fuera.

Historia

Según la leyenda fundacional de Tiflis, el rey Vajtang Gorgasali descubrió estas aguas termales en el siglo V mientras cazaba en la zona. El topónimo Tbilisi deriva de tbili, que en georgiano significa 'cálido', y los manantiales de Abanotubani son la razón directa de ese nombre. Durante siglos el barrio funcionó como espacio social y de limpieza ritual, tanto para la población local como para los viajeros de las rutas caravaneras que cruzaban el Cáucaso. En el siglo XIX lo visitaron escritores como Alejandro Dumas y Alexander Pushkin, ambos con testimonios escritos que documentan la experiencia tal como se vive hoy.

Qué ver y hacer

  • Baños Orbeliani La fachada con azulejos turquesa y arcos de influencia persa los convierte en los más fotografiados de Abanotubani. Las salas interiores son funcionales y el agua llega muy caliente; hay que avisar al mekise si se prefiere temperatura más suave.
  • Baños Chreli-Ubani Más discretos en la fachada pero bien mantenidos. Conocidos entre los locales por su agua con mayor concentración de azufre y por tiempos de espera algo más cortos en temporada alta.
  • Cascada de Legvtakhevi A pocos pasos de los baños, esta cascada encajonada en una garganta de roca actúa como telón de fondo natural del barrio. El acceso es libre y el paseo por la garganta vale diez minutos.
  • Fortaleza de Narikala Desde Abanotubani se sube a pie por la ladera o en el teleférico que parte del parque Rike. Las vistas sobre el río Mtkvari y los tejados del casco viejo compensan el esfuerzo.
  • Callejuelas de Kala El barrio histórico adyacente tiene patios interiores con parras, casas con balcones de madera tallada y varias iglesias armenias y georgianas a pocos minutos andando desde los baños.

Galería de fotos

Cómo llegar

Abanotubani está en el corazón del casco viejo de Tiflis, a unos 20 minutos a pie desde la plaza de la Libertad o desde la estación de metro Avlabari. En taxi o Bolt desde el centro el trayecto cuesta entre 5 y 10 lari (menos de 4 EUR). No es necesario reservar en la mayoría de baños: se paga directamente en la entrada y la disponibilidad depende de la hora; las mañanas de entre semana suelen ser las menos concurridas.

Mejor época para visitar

Los baños de Abanotubani funcionan todo el año. En invierno el contraste entre el vapor caliente y el frío exterior hace que el ritual tenga más sentido, y la afluencia es menor. En verano el barrio se llena de turistas y los tiempos de espera para las salas de los Baños Orbeliani pueden alargarse. Primavera y otoño ofrecen menos aglomeración y temperatura agradable para caminar por el casco viejo después del baño.

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